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Crónica central

Por Tael Benavente

Liderazgo y gestión del cambio en las organizaciones

Miércoles 17 de setiembre de 2014 - 05:10 p.m.
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\n Tael Benavente
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\n Coach Ontológico 
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\n Nuevamente a la carga, esta vez para invitarlos a observar la gestión del cambio organizacional desde otra perspectiva. Una que nos acerca a la dimensión humana de las organizaciones.

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\n Imaginemos una situación que desde hace unos diez años es una constante en la gran mayoría de las organizaciones. En este escenario está por iniciar una reorganización en el área de producción y se hallan reunidos los diez ejecutivos responsables de esta área junto con el gerente general, el gerente de Finanzas y el gerente de Gestión del Talento. Todos ellos van a tomar algunas decisiones que afectarán a esta parte de la organización.
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\n Luego de cuatro horas intensas, con algunos acuerdos y derroteros elegidos, sienten que finalmente hay humo blanco y las respuestas encontradas se plasman en un documento que constituirá la “hoja de ruta” para ejecutar la reorganización. Este es solo el primer hito de muchos que le sucederán a lo largo del camino para implementar lo acordado.
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\n Los actores principales en este capítulo de la historia vivieron lo que vivieron; sin embargo, son los personajes secundarios de los que nos queremos ocupar en este momento. ¿Cuál es el clima que se vive en el resto del área durante el tiempo que dura este conclave?
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\n En esta etapa los trabajadores del área han oído que se quieren implementar algunos cambios; sin embargo, no saben que es lo que va a suceder. Es una etapa de desconcierto porque no saben cuáles van a ser estos cambios y lo que van a afectar “a su puesto de trabajo” (¿Me quitarán tiempo?, ¿tendré que aprender de nuevo a hacer lo que ya hago?, etc.).
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\n Si pudiéramos ver las caras de quienes de alguna u otra manera van a ser afectados por las decisiones que se tomaron, ¿qué veríamos?. Si pudiéramos preguntarles cómo se sienten, ¿qué respuestas tendríamos?
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\n Es muy probable que las respuestas serían: estoy preocupado, me siento un poco incómodo, estoy algo ansioso, me siento estresado. A pesar de ello, estas respuestas no necesariamente se condicen con lo que nos muestran sus caras. Probablemente veríamos señales como los ojos muy abiertos, las pupilas dilatadas, la boca entreabierta, respiración casi imperceptible o el ceño fruncido, la respiración algo agitada y las manos cerradas.
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\n ¿Qué podemos deducir de esto?
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\n Que detrás de las respuestas verbales (racionales) que están filtradas por los mecanismos de adaptación social desarrollados a lo largo de años de aprendizajes, el cuerpo está manifestando lo que realmente ocurre. Dado que en la sociedad occidental en que vivimos, por 25 siglos se ha privilegiado el aprendizaje racional olvidándonos del cuerpo y las emociones, entonces, ellos hablan libremente y nos muestran lo que desde la razón no nos atrevemos a decir.
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\n ¿Qué nos revelan las señales descritas?
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\n Ellas apuntan directamente hacia dos emociones humanas básicas: el miedo y el enojo. ¿De dónde surge el miedo? Muchos autores marcan la diferencia entre dos tipos. Uno es el “miedo común”, es decir, el miedo que tenemos todas las personas frente a situaciones de peligro. El miedo ante algo que atenta contra nuestra integridad física, para el cual estamos preparados biológicamente, y al que respondemos de forma automática mediante la huida, la lucha o el bloqueo.
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\n El “otro miedo” es ese miedo, o más bien miedos, que creamos cada uno de nosotros en nuestras vidas, y que casi siempre emerge por contraste. Miedo a no ser lo suficiente, miedo a lo que pensarán de mí, miedo a estar haciéndolo mal, a que no me acepten, al rechazo, al cambio, a equivocarme, tantos y tantos miedos que todos conocemos.
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\n El primero está controlado desde el sistema límbico (la amígdala). Es una de las primeras y más básicas funciones que desarrolló el cerebro humano, como el de todos los animales. Uno de los motivos que nos ha permitido llegar al día de hoy como especie. Fisiológicamente estamos diseñados para tener la emoción del miedo. Y este miedo debemos verlo como positivo porque nos protege, nos alerta y nos ofrece la oportunidad de evitar situaciones que potencialmente pongan en peligro nuestras vidas.
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\n Gestión del miedo
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\n Ambos miedos vienen controlados desde la amígdala. La diferencia es que el primero salta rápida y automáticamente como una reacción instintiva de supervivencia, y el segundo se activa una vez que nos hemos dejado atrapar por las emociones: de nuevo el cerebro se siente en alerta y desciende  el riego sanguíneo de los lóbulos prefrontales, encargados del pensamiento racional, la adaptación, las conductas sociales y las respuestas creativas, esto produce un estado de shock (percibido como parálisis) que se sostiene mientras no concluya la situación que evaluamos como amenazante.
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\n Tendemos a pensar que no hay diferencia entre ambos miedos, pues parece que la emoción del miedo es una sola y que igualmente nos alertará para evitar situaciones que nos produzcan sufrimiento. La realidad es que la mayoría de las veces sufrimos más pensando en aquello que supuestamente nos puede ocurrir. Como dijo Descartes: "Mi vida ha estado llena de desgracias, la mayoría de las cuales no sucedieron jamás".
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\n Si en las comparaciones que hacemos entre nosotros y el resto del mundo consideramos que salimos ganando o no salimos perdiendo, tendremos el miedo mucho más controlado. Todos estamos programados para tener miedo en la vida en general. Para empezar, al cambio. Desde niños escuchamos muchas frases hechas que nos programan para tener miedo al cambio y generar apegos: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, “Virgencita que me quede como estoy”, etc. un sinfín de frases y diálogos que nos hacen creer que detrás del cambio hay algo amenazante. Que ante cualquier hecho desconocido y de incertidumbre debemos tener miedo.
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\n Cuanto más insegura es una persona, más sufre el miedo al cambio y a lo desconocido. Cuanto más segura, menos miedo, pues confía en estar preparada para lo que llegue. Se deja sorprender por la vida y entiende cada situación como una nueva posibilidad de experiencias y aprendizaje.
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\n Una de las técnicas para la gestión del miedo, es revisar nuestra escala de valores. ¿Qué soy yo? ¿A qué tengo apego? ¿Qué tengo realmente miedo de perder? ¿Qué puedo perder que me permitiría seguir siendo feliz?
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\n Fred Kofman, autor de la trilogía “Metamanagement” que hace algún tiempo lo catapultó al calificativo de “gurú” nos dice: “La esencia del liderazgo es ayudar a la gente a descubrir su raíz más profunda para que no tengan miedo al cambio, para que encuentren un ancla de identidad en su espíritu y en su conciencia que les permita modificar todo lo que haya que modificar para tener éxito en el mundo sin perder la noción de ser “yo mismo” y de “apreciarme como soy” y de encontrar siempre una forma de expresar mis valores cualquiera que sea la actividad que desarrolle. Un líder transformacional es un líder que por un lado le da a la gente el permiso de anclarse en su espíritu y por otro lado le demanda que se transforme o que busque como adaptarse a un mundo que está en constante cambio”.
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